Blog de la expedición del Grupo de Observadores Astronómicos de Tenerife
Eclipse Total de Sol
China - Julio '09

martes, 4 de agosto de 2009

Hangzhou: la Flor de Loto

Una de las cosas que sin duda fotografiamos en nuestro viaje fue la Flor de Loto, una planta imponente, con unas flores impresionantes y hojas enormes que cubrían las orillas de los pantanos y lagos en alguna de nuestras excursiones.

Concretamente, en Hangzhou el día 24 tuvimos oportunidad de ver muchos de ellos, incluso la lluvia de ese día nos permitió ver como las hojas se llenaban y vaciaban, meciéndolas sigilosamente. Sin embargo había una sorpresa más y es que ignoraba que las flores al perder sus pétalos dejaran en su parte central una figura caprichosa en forma de cono invertido que guardaba las preciadas semillas. Eso era lo que precisamente estaban vendiendo algunos vendedores ambulantes por la ciudad, cestos llenos de esa "perilla de ducha" como la llamaban nuestras guías que contenían decenas de semillas y es que la última sorpresa es que eran comestibles. Su sabor se aproximaba al de las castañas, muy ricas menos para Juanjo que por lo visto le dieron alergia...


Tanto Inés como Feli nos explicaron como se podían comer, nos invitaron a unas cuantas flores y pudimos verlo de cerca.

Había que sacar la semilla de la flor, una vez fuera había que cortar y tirar la cáscara que la envuelve, después había que abrir la "castaña" y quitar de su parte central un pequeño tallo verde muy amargo. Ahora solo faltaba comerla. La verdad es que nos gustaron e Inés se sorprendió, no esperaba que así fuera.

Por lo visto podía elegirlas en el momento de la compra y se fueron a por las más grandes, sin darse cuenta de que una de ellas estaba demasiado madura como para poder comerla. Aunque luego probé una y no estaba mal, pero me pareció buena idea guardarlas para intentar plantar alguna semilla a la vuelta en nuestra tierra.
La verdad es que no tenía ni idea de si era posible, si no lo era, si sería complicado, qué necesidades tenían de suelo, agua, temperatura... pero tenía que intentarlo así que guardé esas 11 semillas en mi cartera y proseguimos el viaje. Personalmente me parece muy interesante poder ver como nace una semilla recogida en China y llevada a nuestro país, es como un trocito de naturaleza autóctona, un recuerdo vivo que revivirá también nuestras aventuras. ¿Habrá suerte?

Manos a la obra

Ahora de vuelta, comienza el experimento. Me he informado por Internet y las semillas de Loto están bastanta bien consideradas en este mundillo, se venden a buen precio y según parece no es demasiado complicado cultivarlas con ciertos cuidados.
De momento, he metido una de esas bolitas (que habían reducido su tamaño y se habían puesto completamente marrones) en un tarro de cristal lleno de agua esperando que pueda germinar y ese tallo amargo de su interior brote y salga en busca de luz. Así lo hice y por lo visto es el método habitual, así que no voy mal encaminado.

En tan solo un día el tamaño de la semilla aumentó al doble (se llenó de agua por capilaridad) y ahora está luchando para salir del cascarón. Dicen que puede tardar hasta una semana así que habrá que tener paciencia.

Una de las curiosidades más llamativas con respecto a estas semillas es que según parece pueden aguantar varios cientos de años en su cascarón hasta el momento de ser plantadas. Se han encontrado semillas que han germinado con casi mil años de antiguedad. Sin duda, una maravilla.

Si la cosa sale bien, iré contando el paso a paso de esta segunda aventura, un trocito de China vivo, aquí en Madrid.

sábado, 1 de agosto de 2009

Ya hemos llegado

Todos de vuelta al hogar. El viaje terminó y ya no podremos enviar "crónicas en directo" desde el lugar de los hechos, pero en cambio tendremos acceso a este blog de manera individual, sin problemas de uso compartido del ordenador ni censuras estatales, y podremos subir nuestras impresiones personales, fotos y comentarios así que todavía queda tema para rato.

Juanjo


Los doce expedicionarios en el aeropuerto de Barajas

De vuelta a casa


Pues se acaba la aventura. Sobrevolamos Dinamarca en estos momentos y nos quedan poco menos de dos horas para llegar a la “Ciudad de la Luz”, la primera escala en un lugar europeo desde que iniciamos nuestro periplo asiático.

El motivo principal del viaje nos dejó un sabor agridulce, con ganas de intentarlo de nuevo en el futuro, pero el resto del viaje ha merecido la pena pese a ir como “señoritos”, durmiendo en buenos hoteles, traslados en autobús privado, sin hacer colas para obtener las entradas a los lugares que visitamos, facturando los equipajes desde la puerta de la habitación, comiendo en restaurantes exclusivos... no sé si habremos vivido la auténtica China, desde luego que no, pero si hemos conocido algo de este inmenso país, comiendo escorpiones en calles peatonales, “arriesgándonos” en restaurantes donde éramos la atracción de todo el servicio de camareros y la clientela, paseando por parques y mercadillos donde se nos quedaban mirando y nos hacían fotos por nuestra condición de occidentales. En fin, hemos tenido un poco de todo.

Pinceladas vagas de una cultura milenaria de la que casi todo nos suena a “chino” pero que nos incita a repetir la experiencia con las lecciones aprendidas. Tutelados por nuestra guía, “Feli”, que se ha convertido en una mas del grupo, aceptando nuestras bromas y exigencias, desviviéndose para que nos encontrásemos lo mas a gusto posible, hemos aprendido mutuamente acerca de la convivencia, las costumbres y la vida, que al fin y al cabo es la experiencia mas importante que quedará en nuestra memoria y el motivo por el que alargamos la expedición. Como para la mayoría, el eclipse, aún siendo el objetivo principal, no deja de ser una excusa para visitar un país al que no habríamos viajado de otra forma.

Volvemos pues con el morral lleno de experiencias, buenos momentos, diversión y la satisfacción de haber vivido unas vacaciones especiales en la otra esquina del mundo.

Juanjo Manzano
GOAT

miércoles, 29 de julio de 2009

Beijing / Pekín

29 jul 2009

Tras una fugaz pasada por la capital histórica de China, Xian, donde quizás, los restos de terracota de lo que fueron los guerreros con los que se hizo enterrar el "Faraón" Qin y una rápida visita al barrio musulmán, lleno de mercadillos angostos donde todo se vendía (ver foto) fueron lo poco que iluminaron la estancia en esta vieja urbe, hemos llegado a la capital social y cultural del país, Pekín.



Después de los lluviosos días en Guilín y Hangzhou, la niebla y el calor han vuelto. Por suerte, no demasiado calor, pero echamos algo de menos ver el cielo azul intenso. Las altas torres donde 16 millones de almas, la mayoría de etnia Hang, a penas son visibles debido a ella, desde este punto de vista, aquí, en la recepción o "Lobby" del hotel donde nos alojamos.

Hoy toca, por fin, visita al más emblemático estandarte del país, una de las siete maravillas del mundo, la Muralla. También queda pendiente la Ciudad Prohibida y algunos otros rincones interesantes de la zona en estos escasos dos días que nos quedan por estas tierras.

JOSE ÁNGEL

lunes, 27 de julio de 2009

Seguimos camino

Acabamos de cruzar el ecuador de nuestro viaje. Tras la experiencia del eclipse nos reincorporamos a la dinámica de traslados, visitas y contactos con otros lugares y gentes de este país. Dejamos atrás la megalópolis de Shanghai y visitamos una ciudad mas “normalita”, Hangzhou, de solo siete millones de almas pero enclavada a las orillas de un precioso lago y con una exuberancia vegetal que marca un claro contraste con su referente anterior.
Supongo que a los habitantes locales no les parecerán extraños los nombres que se le han puesto a sitios como “La colina que vino volando” pero desde luego hay traducciones que nos resultan impactantes, como el apellido “Nueve Ciruelas”, o el nombre “Campanita”, que en chino es “Glin Glin”, como suena. De Hangzhou pasamos a Guilin, la capital de paisaje chino, impresionante por su paisaje cárstico de preciosas y abruptas colinas entre las que discurre el río Lin describiendo meandros entre ellas y donde se adivinan las mas extravagantes figuras con un poco de imaginación
.


Por desgracia, o por suerte, según se mire, la lluvia nos acompaña desde el día del eclipse. Puede resultar un fastidio y de hecho nos ha impedido realizar alguna visita puntual, aunque caminar bajo ella por los parques ha sido una experiencia muy gratificante. Sin embargo, y aunque en la variedad esté el gusto, pasar de los calores sofocantes del principio a la humedad permanente de las lluvias deberíamos tener un término medio. Ahora estamos volando hacia Xian, esperemos que el tiempo se porte bien con nosotros un poquito al menos, que no estamos siendo tan malos, aunque causemos algo de revuelo por allí donde pasamos.
Iniciamos el descenso y hay que apagar el computador, Mañana mas... o pasado... quien sabe.

Juanjo Manzano

viernes, 24 de julio de 2009

Bajo el agua

Hangzhou, 24/07/2009

Ya han pasado dos días del evento tan esperado, motivo inicial y fundamental de esta expedición y, aunque no hayamos podido disfrutarlo como todos esperábamos, lo cierto es que no me pesa tanto haberlo perdido como me podía haber imaginado. Quizá debido a que ya había visto uno magnífico el año pasado en Siberia, quizá porque el resto de este periplo está resultando más agradable, entretenido y divertido incluso de lo que podía imaginar.

Desde luego, China tiene mucho que ofrecer, desde las visitas más típicas y conocidas a los detalles más inverosímiles que casi nadie se espera... y que nadie comenta. Como curiosidad, hasta llegar a tierras orientales pensaba que la siesta era el “deporte nacional” por excelencia en España; ¡qué equivocado estaba! En este país se practica a todas horas y en todo lugar. No sólo en casa; también en plena calle y EN EL TRABAJO. Ya seas dependiente, cajero, obrero o, incluso, policía.

Ayer por la mañana dejamos la gigante Shanghai con 18 millones de habitantes para ir a una ciudad “más pequeña” de “tan sólo” 7 millones, donde su Lago del Oeste y templos budistas nos acogieron calurosamente: Hangzhou. Al anochecer, asistimos a un espectáculo tan original como hermoso: “La impresión del Lago del Oeste” en el que se narraba sólo con música, juegos de luces y actuaciones mudas de los numerosos actores y extras una famosa leyenda de la zona. Lo más llamativo e impactante de la misma fue quizá su escenario al aire libre el cual contaba, como superficie única, la del Lago, donde actores y actrices se deslizaban sobre él creando el efecto de que caminasen sobre las aguas...

Esta mañana, torrenciales lluvias de verano nos han sorprendido y acompañado durante todo el día, tanto en el paseo por los jardines cercanos al lago, en el pequeño “crucero” que hemos hecho en él como en la visita de la Pagoda de las Seis Armonías. En este último caso, pienso personalmente que la lluvia a sido positiva, pues jardines húmedos, pequeños arroyos y charcos plagados de nenúfares, ruinas de piedra antigua enmohecida por el paso del tiempo y representaciones de las pagodas más importantes del país a escala repartidas por la estancia creaban un ambiente único, de ensueño, que me recordaban, en cierto modo, a bellas imágenes de los jardines de Bomarzo en Italia.



Aprovechando los últimos minutos de la tarde y antes de ir hacia el aeropuerto donde un vuelo de China Eastern nos dirige ahora mismo hacia nuestro próximo destino, Guilin, hemos podido visitar una antiquísima farmacia de la ciudad que data del siglo XIX, un extenso mercadillo repleto de curiosidades y piezas de artesanía del lugar y, como broche final, poder degustar un fruto tan novedoso para nosotros como normalizado para la población oriental: la semilla de la flor de Loto.

JOSÉ ÁNGEL

jueves, 23 de julio de 2009

Las bromas pesadas de los Dioses

Shanghai-Hangzhou 23-07-09

En ocasiones los planes no salen como uno tenía planeado. La aventura no es tal sin la incertidumbre del resultado y esa emoción es la que le pone interés a la actividad que emprendemos con la ilusión acumulada durante los preparativos de la misma.

Alcanzar la cumbre tras un corto paseo puede ser enormemente gratificante, pero lo es mas si ello conlleva la superación de obstáculos y un esfuerzo personal que le de un valor añadido a esa empresa. Pero a veces prescindiríamos gustosos de esa emoción con tal de alcanzar el objetivo propuesto.

En nuestro caso los preparativos han llevado casi un año, de ensayos, reuniones, ahorros, pruebas... A medida que se acercaba la partida los mensajes de correo electrónico aumentaron exponencialmente y una vez que subimos en el avión comenzamos a cerrar las puertas por detrás y a abrir las que teníamos por delante en un camino prefijado desde hace meses.

Ese camino nos dirigió a Shanghai, una de las ciudades mas impresionantes que he visitado en mi vida, con unos contrastes brutales de costumbres, clima, arquitectura, tráfico... pero con la vista fijada en la observación del eclipse mas largo del siglo, el mas largo posible de mi vida, cuya banda de totalidad pasaría por esta ciudad y su línea central a escasos 80Km al sur de la misma.

El día previo realizamos el ensayo general a la gran función del día siguiente. Cronometramos el tiempo que nos llevaría llegar al lugar de observación, montar los equipos, ponerlos en estación... todas las variables posibles fueron tenidas en cuenta e incluso un “plan B” de contingencia por si la meteorología no era la idónea. Pero “no vinimos a luchar contra los elementos” y cuando por la tarde confirmamos las previsiones meteorológicas nos encontramos de bruces con la peor de las situaciones, la de tener la certeza de no poder ver absolutamente nada por la previsión de nubes y tormentas en toda el área en la que podríamos haber intentado un plan “C”.

Es curioso como parecía que los dioses a los que nos encomendamos nos gastaban la peor broma posible. Recordando el mapa meteorológico no se me olvidará jamás la imagen del área cubierta totalmente de nubes y tormentas en toda la zona. La emoción dejó paso a la certeza de que estaríamos bajo la sombra de la Luna, pero no podríamos disfrutar del maravilloso espectáculo del “Sol Negro” , de la corona, el anillo de diamantes, las perlas de Baily, la cromosfera, las bandas de sombra y esa indescriptible sensación de estar presenciando algo único y viviendo una experiencia personal.

Con esa certeza de lo inevitable nos encaminamos según el plan previsto a nuestro lugar original de observación, en el que, curiosamente, pero sin excesiva sorpresa, nos reunimos con italianos, franceses, ingleses y, como no, mas compatriotas con la misma sensación de desolación. Con desgana montamos el instrumental, ajustamos los parámetros y esperamos que el tiempo corriese hacia el primer contacto. De repente un tímido Sol se dejó ver durante unos segundos atenuado por las nubes que hacían de filtro natural. Revuelo general y la esperanza de poder ver algo empezó a luchar con la certeza del cielo totalmente cubierto.

Primer contacto. La Luna comienza a “comerse” al Sol y nosotros desesperamos de impotencia. Los malvados dioses parecen conjurados y no nos dan margen de confianza alguno, pero durante un instante, de nuevo el Sol se deja ver unos segundos mostrando un pequeño bocado en su disco brillante. Mas revuelo general y las cámaras empiezan a funcionar. Transcurre el tiempo hacia el 2º contacto, el inicio de la totalidad, y parece que las divinidades le han encontrado el gusto a jugar con nosotros permitiendo escasas apariciones del astro rey que nos hacen pensar en un posible milagro “in extremis”. Tres minutos para el segundo contacto y, aunque los señores de la lluvia y el viento decidieron dejarnos tranquilos, el de las nubes decidió que ya habíamos disfrutado bastante y envió la nube mas densa de las inmediaciones para hundirnos en la miseria mas absoluta. En estas condiciones la sombra de la Luna se abalanzó sobre nosotros, el día gris se convirtió en noche gris y con resignación vivimos el momento de la mejor manera posible. “Al mal tiempo, buena cara” reza el refrán español, y esa era la filosofía a seguir en ese momento.

Sin embargo los dioses no habían acabado de jugar pon nosotros. En plena totalidad, durante tres segundos la corona y la Luna eclipsando al Sol fueron visibles. Solo tres segundos de “totalidad” que no dio tiempo a fotografiar pero que se grabaron en nuestras retinas para siempre, y así llegamos al tercer contacto, con la vuelta a la “normalidad” del día, con las luces apareciendo de repente terminando con nuestras ilusiones de mortales. Pero para que no quedase duda alguna de que las iras divinas se habían aliado en nuestra contra, los elementos ni siquiera nos permitieron finalizar el eclipse, comenzando un diluvio súbito que ni siquiera nos permitió recoger el equipo sin acabar completamente empapados.

Habrá mas eclipses inolvidables, todos son experiencias únicas, pero desde luego jamás olvidaré el mas largo del siglo, el de Shanghai 2009, el que solo vi durante tres segundos en su totalidad.

Juanjo Manzano